Las neveras de Sojuela
La localidad riojana de Sojuela posee un singular conjunto de neveras que se ha convertido en objeto turístico.
En ocasiones anteriores, cuando hemos hablado de estas construcciones, hemos atribuido a la nieve los poderes curativos y de conservación de los alimentos. Por lo que la recolección de nieve en el invierno y su conservación durante el mayor tiempo posible se convirtió en una actividad industrial y comercial.
Los pozos de nieve, aquellos que estaban situados en la montaña, se construían en la cima de los montes, con el fin de recoger la mayor cantidad posible de nieve en invierno. Eran hoyos excavados revestidos de mampostería de piedra cubiertos en la parte superior para conservar mejor el frío en los meses de verano.
En invierno se llenaban y desde primavera suministraban hielo a las casas.
En el fondo de la nevera se disponía un “emparrillado” que aislaba la nieve del contacto con el suelo y con el agua derretida, de esta forma se permitía la salida de ese agua por un aliviadero o desagüe. El emparrillado era una estructura de troncos cruzados cubierta de una base vegetal de aguja de pino, helechos, paja o ramas, que apoyaba sobre piedras situadas en el fondo de la nevera.
Desde el exterior se echaba y repartía la nieve, traída en cestos, sobre esa estructura. Los “empozadores”, calzados con polainas fabricadas con saco o mantas, comenzaban a apelmazarla con unas herramientas de madera llamadas “pisones”.
El trabajo de empozador era muy duro. Los hombres se turnaban para evitar congelaciones.
Se colocaba una capa de cubierta vegetal cada 30 o 40 cm de altura, lo que permitía separar el hielo en bloques facilitando su posterior extracción. También se colocaban ramas o troncos en los laterales con el fin de evitar que la nieve tocara las paredes de la nevera. Así continuaba el proceso hasta completar el llenado de la nevera, cubriéndose con ramas, troncos, paja y mantas o pieles para evitar que todo el conjunto ganara temperatura y el hielo se derritiera.
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