Cazadores de búnkeres
O sea, arqueología de guerra. Y como cada vez que se habla de arqueología siempre hay un cierto aire de aventureros, de descubridores y de encuentra tesoros. Pero también romanticismo. Las guerras que han escrito la historia de España y Europa han dejado miles de búnkeres, fortines, casamatas… ahora abandonados, olvidados y escondidos en la naturaleza y expuestos al paso del tiempo.
Tipologías, dimensiones, estructura, funciones, disposición… y también, puede estudiarse, la evolución de los hechos históricos. La arqueología militar es un silencioso testigo, protegido por desconocido, al que todavía podemos preguntar.
“Blocaos, nidos de ametralladoras, puestos de observación y artilleros levantados por zapadores, civiles, presos… Aparecen situados a veces en forma de líneas-muralla; hilos que cosen el desarrollo de los combates o el efecto del miedo, tanto en España (Ruta Orwell, en Aragón; Línea XYZ en Valencia, o Línea Gutiérrez, en Pirineos: más de 5.000 fortificaciones construidas por Franco hasta 1953 por temor a una invasión aliada) como en Europa”.
Para el filósofo francés Paul Virilio, preocupado siempre por el poder destructivo de las nuevas tecnologías, le fascinó desde niño el paisaje de la costa atlántica, salpicado de esas construcciones de guerra rotundas y amenazantes. Supo pronto que aquella muralla megalítica decía mucho sobre el poder, el hombre y el territorio. Con su cámara inventarió todo aquello, y escribió en 1975 el libro de referencia en la materia, Bunker archeology.
Ya ha comenzado el proceso de recuperación de la Nave de Efectos y Repuestos para convertirse en el futuro Museo Industrial. Un camino que ha sido largo -más de una década- y costoso, pero más llevadero cuando se dispone de una concejalía de “Patrimonio Industrial”. El proyecto, uno de los principales objetivos para la actual corporación municipal de Sagunto, requiere de una inversión de cinco millones de euros.
El patrimonio industrial de Linares (Jaén) puede ser disfrutado usando las rutas mineras,
En el capítulo octavo del Quijote, Cervantes contó la aventura más célebre de la novela: la embestida de don Quijote contra los molinos, “treinta o pocos más desaforados gigantes”. Ahora, Infanto, Burleta y Sardinero,