El valor del patrimonio industrial intangible
Hoy traemos la recomendación de leer un magnífico artículo escrito por Omar Fernández Ramos (promotor cultural y secretario de la asociación Amigos del Centro Niemeyer) en el El Comercio, hace ya algún tiempo.
Ensidesa aportó muchas cosas buenas para Avilés y negarlo es querer tapar el sol con un dedo, trajo una importante inmigración, con el evidente mestizaje enriquecedor de las endogamias astures. También aportó una cultura de trabajo que modificó las relaciones laborales, sindicales y sociales en la zona de influencia. Ensidesa creó un centro de conocimientos tecnológicos sobre la siderurgia y sus sistemas productivos coadyuvantes, que en su momento de apogeo fue pionero en España.
Los conocimientos y las experiencias profesionales de las mujeres y los hombres que escribieron esa parte de nuestra historia industrial, fueron y aún son apreciadas por muchas universidades y plantas siderúrgicas repartidas por todo el mundo. Sería una irresponsabilidad injustificable, por nuestra parte, que cayera en el olvido todo ese saber hacer, ese bien intangible. Nos sorprendería saber la valoración que hacen expertos internacionales en ingeniería, del enorme caudal de datos, información y procedimientos, que en torno al mundo de Ensidesa se generó. No imaginamos el nivel, la calidad, el reconocimiento y el prestigio internacional que tuvieron. Ensidesa fue durante mucho tiempo la universidad de la siderurgia nacional, porque desde su fundación hasta hoy, los responsables de la producción enfrentaron retos y problemas tecnológicos con tal éxito, que los cálculos que realizaron para determinar con precisión muchos de los procesos de fundición y laminación, siguen siendo hoy válidos y estudiados en todo el mundo.
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