Archivo de la categoría 'Cerámica'

La desprotección de San Claudio

Con todo lo que luchamos, da pena que ahora San Claudio no sea BIC“. Así se expresaban representantes de la antigua plantilla de la Fábrica de loza de San Claudio al conocer que la conseguida declaración de Bien de Interés Cultural (con la categoría de Conjunto Histórico) que evitaba la especulación con los terrenos de la fábrica, que data de 1901, se venía abajo al haber admitido la Sala de lo Contencioso-Administrativo del Tribunal Superior de Justicia un recurso del abogado de la Administración concursal.

La sentencia considera que los informes que avalaban la declaración, enviados por la Academia de la Historia y la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, carecen del suficiente fundamento y recordó que el emitido por la Universidad de Oviedo era desfavorable. Read more »

La fábrica de ladrillos de Babilafuente

imgEn la localidad salmantina de Babilafuente, situada junto a la línea férrea hacia Medina del Campo, hubo una gran fábrica de ladrillos. Hubo, porque ya no hay. De ella sólo quedan las fachadas.

Si nos remontamos a las citas históricas, encontramos que ya en el siglo XVIII el escritor y matemático Diego de Torres Villarroel hacía referencia a los “pocos fabricadores de tejas y ladrillos a quienes su pureza y su necesidad tienen con las carnes cetrinas y las entrañas opiladas” y más tarde, en el siglo XIX, el político y abogado Pascual Madoz en su definición de la villa anota que “existen 4 fábricas de teja, ladrillo y valdosas”.

El tejar producía, con los barros del lugar, tejas, baldosas y baldosines. Era una actividad familiar que empleaba a todos sus miembros, más cuatro, cinco u ocho obreros o aprendices. Se trabajaba desde el primero de mayo hasta el cuatro de octubre (época más propicia por la falta de lluvias).

La fábrica cuyos restos hoy nos ocupan es heredera de aquellas antiguas fábricas. Con la comercialización asegurada por la comarca de Peñaranda y en toda la provincia gracias al ferrocarrril cercano, en 1918 inició sus trabajos. Tenía 14 hornos, 30 obreros y producía 20.000 ladrillos diarios. Cerró sus puertas en 1967, hace 44 años.

Entre las ruinas de la fábrica, en las últimas décadas, se han cobijado familias de inmigrantes que acuden a trabajar en la recolección de los productos de campo.

A principios del siglo XX había 40 tejares. Cada tejar tenía una producción de 150.000 tejas y 100.000 ladrillos. El último dejó de funcionar en 1968 por la competencia de las fábricas del mismo pueblo. En 1960 se instaló una nueva fábrica, más pequeña, con ocho trabajadores y unos 10.000 ladrillos diarios, cerró en 1984, sin modernizarse. Pocos años después el pueblo perdió una fábrica de harinas. Que Babilafuente, un pueblo pequeño, haya estado bien poblada, en buena parte es gracias a su industrialización y al sector agrario.

Más imágenes en foro-ciudad y flickr 1 y 2.

Los hornos de calcinación de A Pontenova

Vía Monsacro.net accedemos a un espléndido reportaje sobre los hornos de calcinación existentes en la localidad lucense de A Pontenova.

El origen está en la riqueza férrica de estas tierras, como dan fe las ferrerías de Bogo y Taramundi desde el siglo XVIII. El conjunto industrial está formado por la instalación de los hornos, la vía férrea hasta Ribadeo y los cargaderos de mineral en el puerto.

El proceso industrial consiste en la calcinación del carbonato clorotoso mediante el calentamiento en contacto con el aire. De esta forma se pierde agua y ácido carbónico y se obtiene el óxido ferroso o férrico. Los hornos, en los cuales transcurre el proceso químico, tienen forma troncocónica con 4m de diámetro superior y 11m de altura. Cuentan con cuatro bocas para la extracción del mineral y un cono de fundición en su parte baja con aletas de distribución.
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El calero de San Justo

imgEl Calero de San Justo está situado en la barriada Ozerinmendi de Zeanuri (Vizcaya), en medio de un precioso robledal, y junto a una ermita en honor a los santos Justo y Pastor y a una fuente.

El calero, inactivo desde 1950, ha sido recuperado y reutilizado por la asociación Ipizki Taldea desde 1996.

Este calero, de tipo francés, se caracteriza por estar excavado en una zona de pendiente o contraterreno. El horno tiene forma troncocónica invertida, una profundidad de 4 metros, y un diámetro de 150 centímetros en la parte superior y de 40 centímetros en la inferior. Para obtener la cal se carga el horno con capas alternas de madera y piedra caliza y se enciende por la parte inferior. La cal resultante es vomitada por la boca inferior según se produce la calcinación de la piedra.

Cada primer fin de semana del mes de agosto se pone en funcionamiento. El programa para este sábado, 1 de agosto a las 11 de la mañana, consiste en cargar el horno de leña y piedra caliza, y encenderlo. La gente que acude tiene oportunidad de participar y colaborar en la puesta en marcha del calero. Tras el encendido, todos los asistentes degustarán un hamaiketako consistente en tocino, pamitxa, sardinas donadas por Iñaki Arraindegia de Zeanuri, vino y agua. Coincide con la romería a la ermita de los Santos Justo y Pastor, que se celebra en la barriada Ozerinmendi, a los pies del monte Gorbea. Al amanecer del día siguiente, el viejo horno comenzará a vomitar los primeros trozos de cal viva.
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La fábrica de loza de San Claudio

imgTras cinco mes, concluye la realización, por parte de la empresa Pozu Espinos, del inventario de la fábrica de loza de San Claudio (Oviedo). Esta labor era requerida para el inicio de la tramitación del expediente de declaración BIC para el complejo industrial.

Se han inventariado diez mil piezas: 3000 matrices (algunas del año 1904), 500 moldes, documentos y dibujos originales.

Los autores del inventario, además de catalogar los objetos de la fábrica, han detallado las estancias, la edificación,… dicho de otra forma: la fábrica de San Claudio es un yacimiento arqueológico (en pie) del que se pueden extraer muchos y muy interesantes datos.

Cabe recordar que no ha sido fácil realizar el inventario debido a la oposición de la propiedad. La Consejería de Cultura tuvo que recurrir a la Justicia para obtener permiso.

Hornos de cal en Vegas de Matute

La Librería de Alarifes tiene como novedad “Hornos de cal en Vegas de Matute (Segovia)”. Un libro de 161 páginas y que venden al precio de 15 euros.

Queremos con este libro llamar la atención acerca de un patrimonio de arqueología industrial sumamente importante, por no decir único en toda España, en cuanto a la antigüedad, número y calidad de sus elementos: se trata del conjunto, o mejor dicho doble conjunto, de hornos de cal, que se localizan en número superior a la media docena tanto en el barrio del Zancao como en la dehesa sita a occidente del pueblo, al pie del pinar. Hay que señalar que el historiador Cano de Gardoqui García dio a conocer en su Tesis Doctoral que toda la cal de la obra del monasterio de El Escorial se fabricó en las localidades de Villacastín, Ituero y Vegas de Matute (en La construcción del Monasterio de El Escorial. Historia de una empresa arquitectónica, Valladolid, 1994). Este importante dato documental demuestra que al menos desde el siglo XVI existían en Vegas de Matute numerosos hornos de cal, capaces de abastecer junto a aquellos pueblos cercanos las necesidades de mortero de la obra escurialense. La presencia de los hornos en Vegas y en sus alrededores responde a la abundancia de yacimientos de carbonato cálcico, en la línea de contacto de la submeseta norte con el Sistema Central.
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La fábrica de cerámica y vidrio de Valdemorillo

Vía Madridiario conocemos el resultado de la recuperación de La Cueva Museo de Cerámica y Vidrio de Valdemorillo (CUMVAL) en la que ahora se exponen piezas producidas en la antigua fábrica de porcelana y vidrio. En este espacio, recientemente inaugurado, se pueden contemplar restos de la Edad de Bronce y objetos producidos entre los siglos XIX y XX.

Este municipio de la sierra madrileña tiene un nuevo atractivo turístico, pero, a la vez, recupera parte de su historia explicando el origen de la economía local y homenajeando a la fábrica.

Este museo, que contiene piezas recopiladas por el Ayuntamiento, está ubicado en el pudridero de caolín (material para la elaboración de porcelana) de la fábrica que estuvo abierta hasta 1937 (destruida en la batalla de Brunete) de que sólo quedan tres hornos y sus chimeneas.
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