La fábrica de Chocolates Marugán
Cada mes de agosto, cuando ya hace cuarenta años de la última onza de chocolate…, los herederos de los chocolateros de Mingorría (un pueblecito de la provincia de Ávila) organizan unas jornadas de puertas abiertas para mostrar cómo se fabricaba el chocolate. Una actividad que se viene enmarcando en el programa de fiestas, en Honor de La Virgen y San Roque, de la localidad.
Fue en 1832 cuando Antonio Marugán llegó, desde Segovia, a la localidad abulense de Mingorría, decidido a montar un negocio y establecerse. Compró un terreno donde se cultivaba azafrán y levantó un edificio de dos plantas. En la de arriba, instaló su vivienda y, en la de abajo, comenzó a elaborar un producto que pronto le dio la fama: chocolate con leche y almendras.
La producción en ‘Chocolates Marugán’ se interrumpió durante la Guerra Civil y algunos años después, cuando se cerraron las fronteras y dejaron de llegar los ingredientes que se precisaban para hacer chocolate: el cacao, de Guinea; el azúcar, de Cuba y la vainilla, de Holanda y Bélgica.
La Casa de Chocolates Marugán da fama al pueblo, en su interior: el molino de cacao, la mezcladora, la pesadora, los moldes, los braseros, la máquina de frío y hasta el coche que se utilizaba para el reparto. Esta maquinaria –instalada tras la Guerra Civil-, se fabricó en Barcelona. Anteriormente, el cacao se molía en un molino de piedra tirado por unos bueyes- y todos los elementos esenciales para hacer chocolate. No sólo se elaboraba chocolate, era “la fábrica del pueblo”, que cerró en 1970 al no adaptarse a los nuevos tiempos, y ahora un museo temporal de la elaboración artesanal del chocolate.
Las máquinas permanecen intactas, en su sitio, paradas, entre envoltorios de tabletas y olor a buen chocolate.