Alhóndiga Bilbao
Desde el pasado jueves los bilbaínos, especialmente, disponen de un nuevo lugar para el encuentro: Alhóndiga Bilbao. Un gran, y antiguo, almacén de vinos municipal que fue utilizado hasta los años 70 y que ahora será reutilizado para el ocio y la cultura de la ciudadanía, el deporte, el conocimiento…
La Alhóndiga bilbaína fue inaugurada en 1909, diseñada por el arquitecto Ricardo Bastida, supuso la afirmación de una nueva idea de edificio en cuanto a su implantación, al ubicarse sobre el nuevo trazado de ciudad que nacía en esa época, y en cuanto a su construcción, dado el empleo de técnicas novedosas desde el punto de vista estructural.
El edificio, además de cumplir los requerimientos de orden funcional para los que fue diseñado, transciende del mero carácter de almacén para insertarse en la trama del ensanche como un elemento con vocación de conformar ciudad.

La Alhóndiga ha protagonizado buena parte del discurso municipal de los últimos 20 años. Diferentes alcaldes han señalado al viejo depósito neoclásico como el proyecto estrella para el ensanche bilbaíno, de forma que el futuro del edificio ha variado con los años y las diferentes visiones de los gestores de la urbe. Pudo transformarse en un bloque de viviendas, en un ambicioso cubo de cristal que acogería al arte y la cultura, en un polideportivo, en un museo de arte contemporáneo e incluso en el futuro Palacio de Deportes. Finalmente, el inmueble, declarado de interés cultural, es un moderno centro cultural y de ocio con bibliotecas, salas de exposiciones, cines, gimnasios, piscinas, restaurantes, solarium, etc… Las obras, gestionadas por la sociedad Bilbao Ría 2000, dividen La Alhóndiga en tres edificios, uno para cada uso: cultural, ocio y deportivo. Entre los tres sumarán 40.000 metros cuadrados, casi el doble de la superficie ocupada por el Museo Guggenheim.
En realidad es futurista. Tiende un puente entre el civismo de la plaza pública romana y el espacio para animar un ocio no comercial en el siglo XXI.
Más allá de las impresionantes cifras que ha barajado el proyecto, la expectación del mismo reside en gran medida en la capacidad de fascinación de Starck, un diseñador acorde a la prestigiosa lista de arquitectos y urbanistas que desde hace años dibujan el presente y el futuro de Bilbao. “Quiero hacer algo formidable, lleno de energía, de entusiasmo. En definitiva, un edificio con la elegancia de la inteligencia y la belleza de la felicidad”.
Para saber más:
Con Philippe Starck en La Alhóndiga de Bilbao
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