El oficio del lagarero
La Asociación Cultural “Amigos de Sagallos”, de la localidad zamorana de Manzanal de Arriba, divulga el viejo oficio de lagarero y el proceso conocido como “calderada” para la extracción de cera de los panales de las colmenas en el “Lagar de los Santos”.
Esta población zamorana cuenta con dos lagares de cera tradicionales, que han tenido actividad hasta prácticamente la última década del siglo pasado, cuando se sustituyeron por métodos industriales más modernos. Uno de esos dos lagares ha quedado como monumento etnográfico. El otro se conoce como “El Lagar del Duque” y no ha llegado a ser restaurado todavía.
El oficio de lagarero estaba muy extendido en la provincia de Zamora. Muchos trabajaban hasta 15 horas diarias. Dicen que la cera de la zona es de enorme calidad y que la exportaban, a toda España.
El lagar es un recinto de unos 40 metros cuadrados, de una sola planta, dotado de una pared-contrafuerte en la que se fija una gran viga de madera que ejerce el prensado, a través del manejo del huso. Se trata de una pieza de madera tallada en espiral, a modo de tornillo, unida a la gran viga de la prensa y suspendida en el aire con un gran contrapeso de piedra tallada en su base. Al huso se aplica una palanca de madera que el lagarero empuja a modo de noria, en ambos sentidos, para bajar o subir la gran viga de prensado.
En la estancia existe también un horno de leña sobre el que se ubica un gran caldero, en el que se hierve el agua y los panales de las colmenas de las abejas que han quedado inservibles tras la extracción de la miel y que almacenan la cera. A su lado, se sitúa la zona de prensado y, en el lado opuesto de la estancia, los moldes en los que se deja enfriar la cera líquida. Esos moldes están tallados en piedra, y en ellos se forman los grandes bloques de cera que posteriormente serán tratados para su uso y transformación industrial.
El proceso se inicia con el encendido del horno y el calentamiento del gran caldero de agua, al que se vierten los panales de las colmenas. Una vez que se ha alcanzado la temperatura y el tiempo suficiente para que se haya derretido la cera de los panales de las colmenas, el lagarero coloca en el hueco del prensado un “redeño” de esparto, a modo de filtro, sobre el que vierte con un gran cazo el contenido de la «calderada» en sucesivas capas.
Tras la última capa de “redeños” se coloca un cepo de madera sobre el que ejerce el prensado la gran viga de madera. El líquido extraído pasa a un pequeño estanque en el que la cera queda retenida, mientras, por el sistema de decantación, el agua restante pasa a un segundo compartimento. Una vez completado el prensado, la cera líquida es recogida y vertida sobre los moldes de piedra, donde se dejará enfriar hasta quedar consistente y formar los bloques, que solían pesar entre 50 y 70 kilos. El agua es eliminada por el sistema de decantación tras el prensado. Se solía reutilizar en la siguiente “calderada” porque siempre quedan partículas de cera. Los restos de las impurezas que quedan entre los «redeños», se desechan y se amontonan en el exterior del lagar para posteriormente ser utilizados como abono.
La historia se remonta a casi 500 años atrás. Era entonces cuando los lagares de cera se utilizaban en decenas de pueblos de Zamora. En Sagallos, volvemos a revivir el proceso antiguo.
El pasado año, en las fiestas locales en honor a El Salvador, se inauguró el lagar recuperado de la familia Romero con una demostración del viejo oficio que según la Asociación es “un acto que probablemente no volverá a repetirse, quizá nunca”. Justo al lado del lagar tradicional, se puede observar la evolución del oficio, ahora ya mecanizado.