Los talleres ferroviarios de Cajo
La rotonda de los talleres ferroviarios de Cajo (Santander), y sus naves aledañas, motivan la redacción, por parte de Javier Gómez Martínez (profesor de la Universidad de Cantabria) del artículo titulado “El patrimonio industrial no adorna Santander, ni lo pretende“, en El Diario Montañés del pasado día 23.
Que nunca se diga que el edificio carece de interés arquitectónico solo porque no tiene decoración. Todavía no es tarde para aprender que una construcción puede ser bella aunque no tenga adornos (antes al contrario), del mismo modo que una planta puede ser bella aunque no tenga flores (¿por qué esculpírselas a golpe de tijera?).
Y si a alguien le parece que, al final, estoy descarrilando, que se pregunte qué hacen las vagonetas del extracción de mineral de El Soplao como atrezzo de jardín en el acceso a la cueva o qué uno de los caballetes del desaparecido tranvía aéreo de Solvay (me temo que truncado para ajustarlo a la escala necesaria) como adorno de una rotonda, ésta, con minúsculas.
Ironías aparte, qué duda cabe que la demolición siempre será una medida más fácil y menos meritoria que la rehabilitación (restauración y asignación de nuevo uso). Rehabilitar una estructura tan fuera de lo ordinario como la Rotonda de Cajo constituiría, pues, una prueba de madurez cívica, la misma que se le presupone a una capital europea de la cultura.