Saltos del Duero
En el año 1.903 tres industriales de Bilbao: Eugenio Grasset, Fernando Celayeta y Manuel Taramona, buscaban (a lomos de caballo) localizaciones para la construcción de saltos hidroeléctricos de rápida rentabilidad en el tramo inferior del Duero, a partir de Zamora (Salto del Porvenir). Al contemplar la asombrosa estrechez del cañón y su gran desnivel son conscientes rápidamente del gran tesoro energético que atesoraban Las Arribes entre Mieza y Aldeadávila.
El Duero ofrece las mejores condiciones posibles, no sólo de la Península Ibérica, sino de toda Europa, para el aprovechamiento hidroeléctrico.
Para poder llevar adelante su proyecto de construcción, crean en 1906 la “Sociedad General de Transportes Eléctricos” con sede en Madrid, conscientes de la importancia, no sólo de construir la Central de Aldeadávila, sino de transportar la energía producida hasta Madrid y Oporto. Pero debido a que la concesión de aprovechamiento se sitúa en el Tramo Internacional del Río Duero, en la Raya, era necesaria también la autorización del Gobierno de Portugal… fueron pasando los años y las condiciones políticas no permitían tal acuerdo.
José Orbegozo, nació en San Sebastián en 1870, estudió Ingeniería de Caminos, Canales y Puertos en Madrid, en la promoción de 1894, donde comenzaban a estudiarse las técnicas hidráulicas que ya se estaban experimentando en Suiza e Italia. Una década después de aquella expedición de industriales vascos Orbegozo plantea el aprovechamiento global de los caudales en un sistema de saltos: Ricobayo, Castro, Saucelle y Aldeadávila.
Para ello una misma empresa debería hacerse con todas las concesiones posibles del sistema, utilizar la naciente tecnología de construcción de saltos para el aprovechamiento de la caída del agua y la necesidad de construir gigantescas reservas en el río Esla y en el Tormes para la regulación del caudal.
Desde la cota registrada en Ledesma, o Ricobayo, hasta la de Saucelle había 600 metros de desnivel aprovechable para turbinar las aguas, con gran caudal, con profundos y sólidos cañones donde almacenar millones de metros cúbicos de agua, en una superficie inundable muy pequeña, con relativas, pequeñas y sencillas expropiaciones.
El Duero resulta un enorme torrente cerca del mar, corriendo por un álveo de origen granítico de viejas erupciones, una roca dura, compacta y adecuada para soportar los enormes esfuerzos laterales de los estribos de las grandes presas. La producción que se calculaba producir quintuplicaba el consumo, entonces, de España.
A la dificultad para acceder a terrenos de orografía tan difícil, alejados de la ciudad… se mantenían las dificultades administrativas, políticas e internacionales.
José Orbegozo y Gorostegui entra en el accionariado y el Consejo de Administración de la “Sociedad General de Transportes Eléctricos” en 1917. Puesto que el Gobierno portugués solicitaba la solvencia económica de la empresa, su primer objetivo fue dotar de capital suficiente a la misma, y crear el 3 de julio de 1918 la “Sociedad Hispano-Portuguesa de Transportes Eléctricos” y el Consorcio de los “Saltos del Duero” con capitales fundacionales de 150 millones de pesetas y 800.000 pesetas respectivamente.
Tales eran las negativas portuguesas que incluso se llegó a aprobar, en 1921, un macroproyecto para el desvío de las aguas del río Duero por el interior de la provincia de Salamanca. Mediante canales abiertos se uniría el Duero con el Tormes, y éste con el Huebra. Lo que obligó definitivamente a Portugal a aceptar el tratado para el Aprovechamiento Hidroeléctrico global del río Duero, y sus afluentes Esla, Tormes y Huebra, que es firmado el 11 de agosto de 1927. Los dos países se repartían amigablemente el territorio y su desnivel, quedándose el tramo superior entre Bemposta y Castro: Portugal; y el inferior desde Fermoselle hasta La Fregeneda: España; haciéndose visible de esta forma la posibilidad real de construir los Saltos de Saucelle y de Aldeadávila.
Las concesiones de aprovechamiento son otorgadas a Saltos del Duero, la cual se fusionó con Hidroeléctrica Ibérica, dando lugar a la primitiva Iberdrola.
El comienzo del aprovechamiento ya estaba definido: el salto de Ricobayo, en Zamora. En su construcción se empleó a 2600 obreros en la época, comenzando oficialmente las obras en mayo de 1929. Y un 9 de julio de 1964, hace ahora 46 años, fue inaugurada la Central Hidroeléctrica de Aldeadávila. Se trataba de la mayor Central Hidroeléctrica de Europa Occidental.
Como todo esto es historia, y la historia es curiosidad, la historia es humana, reiteramos la sugerencia de leer, observar y poseer el catálogo de la exposición Luces del Duero. Su descarga aquí.