Pozos de nieve en la provincia de Salamanca

Antaño, cuando no había frigoríficos, el hombre ingenió una forma para habilitar espacios fríos que podrían ser usados en pleno verano. En esos lugares, por su temperatura, podría conservar alimentos. La nieve del invierno se almacenaba en pozos y depósitos subterráneos, unos vestigios arquitectónicos que todavía se conservan en varias localidades de la provincia de Salamanca.

Las primeras construcciones en la península se remontan a la presencia árabe y tenían como uso el gastronómico, medicinal,… excavadas en la roca o construidas de ladrillos y mampostería con planta circular.

Estos neveros, también conocidos como boleros ya que aglutinaban la nieve en bolas sobre estacas de roble, recogían la materia durante el invierno, aprovechando las nevadas sobre campos, calles y tejados, o trayéndola en cántaros de barro protegidos por helechos (esto en las Sierras de Béjar y Francia). También hay ejemplos de balsas en el exterior del pozo para recoger la nieve. Una vez en el pozo, se aislaban las paredes con paja, alternándola con capas de nieve que se apelmazaban con mazos o se pisaban con sacos. Cuando se precisaba su venta, se iba aprovechando cada una de las capas de nieve entrelazadas con paja y tablas que la aislaban del calor hasta el verano.

Mediante un desaguadero y una concavidad separada por una rejilla se recogía la nieve y también vertía al exterior el agua del deshielo.

La nieve se empleaba con dos fines: terapéuticos, contra las hemorragias y las inflamaciones; y gastronómicos, para conservar alimentos y fabricar suculentos postres. Crioterapia, bebidas frías, leche helada, helados garrapiñados y refrescos de chocolate…

En la provincia de Salamanca todavía queda una de estas antiguas construcciones de ladrillo, en Alba de Tormes. Este pozo, construido en el siglo XVIII y propiedad de la Cofradía de las Benditas Ánimas de la parroquia de San Juan, fue utilizado para remedios clínicos y otros usos domésticos, además de para venta a los botilleres y confiteros para elaborar sorbetes.

En la capital pervive, en buen estado aunque descontextualizado, el pozo de nieve perteneciente al Monasterio de San Andrés, en la confluencia del Paseo de Canalejas con Rector Esperabé. Este pozo, que se abastecía de la nieve del Monte Olivete, está previsto sea recuperado por el Ayuntamiento de Salamanca (actual propietario) para reconvertirlo en aula interpretativa que explique el funcionamiento y cultura de estas construcciones. Un proyecto que lamentablemente se dilata en el tiempo impidiendo el disfrute del público.

Conventos, colegios, palacios… solían disponer de un pozo dentro de su propiedad. Hasta que a mediados del siglo XIX comienza la fabricación artificial de hielo, y con ella el abandono de los pozos tradicionales.

Para el recuerdo quedan los ya destruidos pozos de:

  • Cantalapiedra, junto a la ermita de la Misericordia. Revestido de argamasa y ladrillo, su explotación se sacaba a subasta al llegar mayo, vendía nieve a comerciantes de la capital, Zamora y Valladolid;
  • Peñaranda de Bracamonte, junto a la ermita de San Pedro. Después se trasladó a Bóveda del Río Almar.
  • Ledesma, donde el Hospital disponía de dos pozos;
  • Peña de Francia, al oeste del templo y administrado por los frailes. Suministraba a los establecimientos de la Sierra y Ciudad Rodrigo;
  • El Payo, un gran almacén de planta octogonal situado a 1.400 metros de altitud en la cima del Jálama. Mandado construir en 1662 por el Duque de Osuna de planta octogonal, 5 metros de diámetro y revestido de granito, de él ya sólo quedan las paredes;
  • Consta la existencia de muchos otros, de los que en el mejor de los casos se conserva la planta circular, cuyo uso era más privado o familiar.

Para ahondar más en su estudio se recomienda el “Avance del catálogo de pozos de nieve en Salamanca, Ávila y Cáceres” que se puede consultar en las actas del “II Congreso Internacional sobre la utilización del hielo y la nieve natural. El comercio del frío” celebrado en el año 2001 en Valencia y publicadas por la Diputación de Valencia.

Saliendo de la provincia de Salamanca, y en internet, podemos encontrar foros de debate, los pozos del norte de Cáceres, los neveros de la provincia de Jaén, el pozo de Campo de Criptana, el de Puig Campana, el de Sanchidrián… y el artículo de la wikipedia sobre los neveros artificiales que incluye una buena relación de los existentes en España.

3 comentarios por ahora

  1. José Muñoz Domínguez el 31 Enero 2010

    Acerca de los pozos de nieve hay bastante documentación relacionada con el privilegio del duque de Béjar para la explotación de los ventisqueros de la Sierra (se conservan varios pozos de nieve en La Garganta, Puerto de Béjar y probablemente Candelario, todos ellos de acopio, no de destino, como eran en cambio los de los conventos y palacios). Hace unos cuantos años publicó un libro sobre este tema el fallecido José Luis Majada Neila, Historia de la nieve de Béjar (Centro de Estudios Salmantinos), y en las Actas del Congreso que se menciona en el artículo se publicó una comunicación más actualizada sobre el mismo asunto por Juan Antonio Frías Corsino, miembro del Centro de Estudios Bejaranos y probablemente el mejor conocedor del tema en estos momentos, al menos en lo que respecta a la comarca de Béjar. Un tema muy interesante y poco conocido, sin duda. Saludos desde Segovia. Pepe Muñoz.

  2. José Muñoz Domínguez el 1 Febrero 2010

    Añado una referencia más que olvidé en mi comentario anterior, por si hay lectores interesados: Juan Antonio Frías Corsino, “uso, consumo y arquitectura de la nieve en torno al jardín”, en Urbano Domínguez Garrido y José Muñoz Domínguez, El Bosque de Béjar y las Villas de Recreo en el Renacimiento, Actas de las IV Jornadas de Estudio, Grupo Cultural San Gil, Béjar, 2003, pp. 123 a 138. Pepe Muñoz.

  3. […] Entre mediados del siglo XIX y la pasada década de los sesenta podían encontrarse, en los hogares más pudientes, unas neveras (con la forma de un armario) que disponían de un compartimento superior, en el que colocar la nieve, y uno inferior en el cual se disponían los alimentos a conservar. La característica de este mueble era, únicamente, que aislaba el interior del exterior. La nieve usada no se fabricaba, como tampoco el frío, procedía de las montañas o de las nevadas en las mismas localidades, siendo conservada en pozos de nieve. […]

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