La Harino Panadera de Irala

imgEl edificio de Harino Panadera que, construido en 1902 en hormigón armado, destaca por su solidez, ahora ha sido recuperado como sede de la concejalía de Salud y Consumo de Bilbao. Los modernos laboratorios conviven con la maquinaria que se utilizaba para la molienda del trigo, que también ha sido restaurada. De ella impresiona la compleja red de tubos que se expande por las seis plantas del edificio.

Se trata del último edificio que permanece del complejo industrial es, desde 2005, monumento según el Gobierno vasco.

La reinauguración del edificio tuvo lugar el pasado día 3 de febrero en el barrio de Iralabarri, un barrio que, al igual que la fábrica, fue promovido por Juan José Irala para dar vivienda a los trabajadores. Esta fábrica, sus molinos, transformaba hasta 120.000 kilos de trigo cada 24 horas.

Aunque no huele a pan, si se organizarán visitas guiadas para esta instalación y las nuevas dependencias municipales. Los vecinos del barrio y AVPIOP siempre defendieron la recuperación de este edificio.

Joaquín Carcamo, de la Asociación Vasca de Patrimonio Industrial y Obra Pública, escribe en El Correo un artículo de opinión titulado “¿Ciudad industrial?”. De él, referente a la Harino Panadera de Irala, extraemos:

[…] lejos del territorio del hierro, hubo otras industrias menos conocidas, como la del pan. Cuatro fábricas de harinas se han mantenido -como monumentos- en la trama urbana: El Pontón, considerado el primer recinto industrial en el territorio, La Ceres, en La Merced, Molinos Vascos, su sucesora, en Zorroza y Harino Panadera en Irala.

La fábrica de Irala se demolió hace ya unos años en un proceso bellamente documentado por la artista Marisa González. Se libró de la piqueta uno de los edificios fundacionales de 1902, protegido junto con toda la maquinaria de producción por el Gobierno vasco. Afortunadamente, tras algún intento absurdo de transvestir su naturaleza disfrazándola con vidrio, la arquitectura se ha puesto ahora al servicio del edificio y no al revés.

Posiblemente lo más difícil para un arquitecto es hacer lo que aquí se ha hecho, eludir los protagonismos y recuperar el edificio dotándole de funcionalidad ante el cambio de uso. El resultado es, felizmente, respetuoso con la esencia de la fábrica, transmitiendo toda la emoción y la belleza de un singular espacio del trabajo. La fábrica de Harino Panadera no es monumental, ni diríamos que bella, pero es también un legado de la actividad humana, de no menor importancia para la comprensión total de nuestro pasado que la catedral o el palacio municipal. Hoy sentimos a Bilbao menos mutilado.

Para saber más:

Sin comentarios

Sin comentarios, por ahora

Introducir un comentario