Cazadores de búnkeres
O sea, arqueología de guerra. Y como cada vez que se habla de arqueología siempre hay un cierto aire de aventureros, de descubridores y de encuentra tesoros. Pero también romanticismo. Las guerras que han escrito la historia de España y Europa han dejado miles de búnkeres, fortines, casamatas… ahora abandonados, olvidados y escondidos en la naturaleza y expuestos al paso del tiempo.
Tipologías, dimensiones, estructura, funciones, disposición… y también, puede estudiarse, la evolución de los hechos históricos. La arqueología militar es un silencioso testigo, protegido por desconocido, al que todavía podemos preguntar.
“Blocaos, nidos de ametralladoras, puestos de observación y artilleros levantados por zapadores, civiles, presos… Aparecen situados a veces en forma de líneas-muralla; hilos que cosen el desarrollo de los combates o el efecto del miedo, tanto en España (Ruta Orwell, en Aragón; Línea XYZ en Valencia, o Línea Gutiérrez, en Pirineos: más de 5.000 fortificaciones construidas por Franco hasta 1953 por temor a una invasión aliada) como en Europa”.
Para el filósofo francés Paul Virilio, preocupado siempre por el poder destructivo de las nuevas tecnologías, le fascinó desde niño el paisaje de la costa atlántica, salpicado de esas construcciones de guerra rotundas y amenazantes. Supo pronto que aquella muralla megalítica decía mucho sobre el poder, el hombre y el territorio. Con su cámara inventarió todo aquello, y escribió en 1975 el libro de referencia en la materia, Bunker archeology.
En España, es de destacar la labor del Grupo de Estudios del Frente de Madrid que cifra en 500 los ejemplos bien conservados en los alrededores de Madrid. Y también la dedicación de la Asociación para la Recuperación de la Arquitectura Militar Asturiana 1936/1937 (Arama) que ahora prepara un documental sobre la vida en un búnker.
No existe catalogación común ni completa de las fortificaciones de la Guerra Civil en todo el Estado, como no existe tampoco, de forma definitiva, del patrimonio mueble o inmueble, sea en forma de aeródromos, refugios antiaéreos, fábricas, líneas defensivas.
Búnkeres integrados, asimilados en el paisaje; arqueología bélica transitable, convertida en ruta turística al modo de la costa francesa de Normandía o de ese Berlín subterráneo repleto de refugios que se visitan en excursiones temáticas. El búnker que más le impresiona es la batería submarina de Saint-Nazaire, en la costa de Bretaña, que finalmente ha sido integrado en la vida de la ciudad.
Reportaje en El País: Cazadores de búnkeres