Sobre el patrimonio industrial
La recomendación de hoy es un artículo en Página12 de Jorge Tartarini (arquitecto, investigador del Conicet y secretario de la Comisión Nacional de Monumentos y Lugares Históricos de Argentina) en el que habla de “los peligros de la destrucción sistemática de edificios que perdieron su uso original pero no su valor estético e histórico”.
Valiosos testimonios del pasado industrial, como estaciones ferroviarios, depósitos portuarios, silos, barracas o fábricas, han sido desafectados de sus funciones originales. Lejos de ser adaptados a nuevos programas, fueron desmantelados y demolidos total o parcialmente por sectores con responsabilidades difusas e intereses contradictorios con el bien común. Los que casi milagrosamente subsisten, lo hacen merced a que encuentran cabida en programas de inversiones, a menudo distanciados de su carácter e identidad originales.
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La desidia por la historia de estos edificios y de sus significados originales. Siempre a contramano de lo que sucede cuando visitamos espacios industriales reciclados en otras latitudes, aquí quienes proyectan parecen más preocupados por dejar su impronta personal que por dialogar con estos lugares de trabajo y producción. Sitios de los que podemos sentirnos orgullosos, especialmente en los tiempos que corren.
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Una política de la austeridad, orientada a la recuperación, podría asegurar un futuro a estas viejas estructuras. Pero resulta imprescindible que quienes intervengan evalúen sus vocaciones, sus capacidades reales para albergar nuevos usos. Y para ello, antes que esperar todo de las normativas de protección –útiles por sí pero no suficientes– hace falta superar las valoraciones tradicionales que han soslayado la dimensión patrimonial de estas expresiones.