Mercado Central de Salamanca
El Mercado Central de Salamanca, constituye el más antiguo mercado de abastos de la ciudad. Situado en la Plaza del Mercado junto a la Plaza Mayor y a escasos metros de las principales zonas comerciales de la capital. Además es una obra arquitectónica protegida con más de un siglo de antigüedad del arquitecto Joaquín de Vargas Aguirre correspondiente a comienzos del siglo XX.
Su construcción, en la Plaza de la Verdura, donde ya había se daban cita los tenderos, se debe a la necesidad de cobijar a los puestos de vendedores para que estuvieran protegidos de las inclemencias del tiempo. Materializar el proyecto llevó once años, el motivo del retraso se debió principalmente a dificultades económicas.
Se encargó al arquitecto provincial D. Joaquín de Vargas Aguirre que redactara el proyecto fiel a los cánones del modernismo de hierro del siglo XIX.
Santiago Flores es la empresa constructora que se hace con el encargo. Durante la construcción surgen los avatares: quejas de los vecinos de la zona norte de la plaza que concluyen en expropiación y desplazamiento de la ubicación del nuevo edificio, reclamaciones salariales por parte de los trabajadores,…
El Mercado de Salamanca se construye coincidiendo con el crecimiento demográfico de las ciudades y su necesidad de abastecimiento, entronca en sus líneas generales con la familia de los grandes mercados, estaciones y pabellones de exposiciones de la primera Arquitectura del Hierro: sencilla, ventilación fácil y permanente, cubiertas que preservan las mercancías, amplias salidas y abundancia de agua.
Planta: rectangular de 40 x 44 metros de extensión, quebrada por ligeros cuerpos salientes en las esquinas y puertas de las fachadas.
Pisos: planta baja dedicada al comercio, la planta alta forma el mercado original propiamente dicho.
Armadura: forma de vasto paraguas en hierro. Se compone de un sistema de vigas de celosía que partiendo de las esquinas y puntos intermedios de las fachadas concurren en un primer cuerpo rectangular elevado a modo de lucernario y que apoya en doce grandes columnas de fundición. A partir de este cuerpo, nuevas vigas de celosía terminan insertándose en otro espacio de menores dimensiones que da base a la rotonda. Toda la armadura “se enlaza, asegura y unifica por atirantados diversos, escuadras, roblonaduras…”.
Cubierta: de planchas acanaladas de zinc, adopta la forma de cuatro aguas. Su exterior lo forman amplias arquerías de hierro provistas de cierres acristalados y persianas fijas en hierro; entre las arquerías y el zócalo de piedra granítica se disponen paños de ladrillo visto que en las numerosas esquinas de las fachadas se prolongan en altura hasta la cornisa flanqueando las arquerías, adosadas a estas esquinas de ladrillo se ordenan columnas pareadas de fundición enlazadas entre sí y a las arquerías por aspas de hierro fundido formando en conjunto una auténtica malla metálica.
Estilo: Vargas maneja con evidente libertad un vocabulario clasicista. Merece especial atención la portada principal por presentar un claro ejemplo de adaptación entre la forma y la función, intención característica de la arquitectura racionalista del siglo XIX.
Un detalle de gran simplicidad es la clara exteriorización de las bajadas de las aguas pluviales, huyendo de la costumbre de disponerlas por el interior de las columnas debido a la oxidación que provoca.
Cromatismo: basado en la sinceridad de los colores que aporta la naturaleza del material, faltando sin embargo la policromía de la cerámica tal como Vargas establecía en la memoria del proyecto inicial: “azulejos de variados colores que con aquel ladrillo y el particular que se dé al hierro juntamente con el claroscuro de la cristalería, formarán un conjunto artístico”.
Entre las omisiones que se hizo al proyecto inicial, figuraba una que restaba cierto carácter de conjunto: una fuente con pedestal y estatua, de índole anecdótica y que tanto se prodigaba en exposiciones y estaciones de la época.
Mientras que Vargas otorgó especial importancia a esa obra, situándola junto a otros grandes mercados de otras ciudades, no ha sido así en los diferentes planes urbanísticos de la ciudad, artículos de opinión y proyectos de reforma. Es el caso del Plan de Reforma interior del Plan Paz Maroto, el proyecto de urbanización de Víctor D´Ors o la resurgida polémica en las primeras elecciones municipales de la democracia.