Cabanyal, en rodajas

Escrito el día 24 de Marzo de 2008 en expolio, de fuera, cultura, tradiciones, sos, Patrimonio   

El Tribunal Supremo ha hablado y ha sido para rechazar el recurso de la plataforma ciudadana. Recordamos que los vecinos trabajaban por preservar el barrio y la integridad del, todavía, Bien de Interés Cultural.

La plataforma Salvem El Cabanyal ya está estudiando la posibilidad de recurrir la sentencia. Los grupos políticos que no gobiernan en el Ayuntamiento de Valencia expresaron su apoyo a las acciones emprendidas por los vecinos. Para la alcaldesa la “degradación” del barrio es “culpa, exclusivamente de la izquierda radical”.

En 2004 el TSJ consideró que el proyecto urbanístico lograría “la mejora del barrio siendo respetuoso con él” y facilitaría “su integración en la ciudad”. Para el TSJ, la protección por su condición de BIC (Bien de Interés Cultural) no fue una circunstancia que pudiera restar peso al “interés general”. Los afectados expusieron que el plan de reforma urbanística supone “un claro expolio del patrimonio histórico español” y una vulneración de normas estatales específicas sobre patrimonio.

El Cabanyal, barrio de pescadores, se unió a Valencia en 1897, se caracteriza por la particular disposición de sus calles, una trama urbana que discurre perfectamente paralela y perpendicularmente al mar, con algunos de los mejores ejemplos de arquitectura industrial del siglo XIX y con viviendas populares inspiradas en el modernismo. Eso le valió la declaración de BIC. Los tribunales han ignorado el valor añadido que encierra El Cabanyal. Su historia, su geometría urbana, no han contado para los jueces.

El proyecto de prolongación de la avenida de Blasco Ibáñez, que presentó el Ayuntamiento hace 11 años afecta a 450 inmuebles. De ellos, un centenar están catalogados. Son 1.652 viviendas. Los derribos previstos, sobre los que hubo hasta el año pasado una suspensión cautelar excepto en la zona protegida, se extienden por 25.000 metros cuadrados de la parte del barrio declarada BIC y 100.000 metros cuadrados del total del conjunto histórico. 2.000 vecinos serán obligados a desplazarse. Todo eso, a cambio de la división en dos del barrio para dar cabida a una avenida de 48 metros, aunque la franja derribada alcanzará los 106 metros de ancho, y la construcción de edificios de cinco o seis alturas romperá claramente con la morfología característica de El Cabanyal-Canyamelar.

En el diario El País del lunes 24 de marzo aparece un reportaje titulado “La arquitectura condenada de El Cabanyal. El proyecto municipal derribará decenas de ejemplos del modernismo popular”, en el que diversos expertos manifiestan su consternación porque un Ayuntamiento pueda derribar un barrio tan singular como es Cabanyal.

Los edificios a derribar no sólo serán cientos de viviendas particulares de la calle de Sant Pere, de la calle de la Barraca, de la del Progrés o de Amparo Guillem, reconocidas por ser ejemplos de un modernismo popular, también la Lonja de Pescadores.

Para los arquitectos Carlos Meri y Carmen Jordá la prolongación de la avenida de Blasco Ibáñez supone un ejercicio de “urbanismo sin ética”. Para Oriol Bohigas, Vicent Garcia, Marilda Azulay, Vicent Gallard y Luis Francisco Herrero la iniciativa crea un problema donde no lo había y le da una solución traumática.

Carlos Meri, arquitecto, añora los trabajos ligados al urbanismo como práctica sensata de hacer ciudades, rechaza la monumentalidad como signo inequívoco de modernidad y discute el reduccionismo interesado del concepto “patrimonio”. En su opinión la Lonja de Pescadores, que desaparecerá con la prolongación de Blasco Ibáñez, tiene, aisladamente, un valor relativo, pero ahí donde está, su valor es incalculable, en términos de equipamiento público. Se trata de una nave típica de la arquitectura industrial. “El interés es del conjunto. Si quitas la Lonja de Pescadores, quitas un elemento fundamental para las casas de alrededor. Y sin las casas, la Lonja no tiene tampoco sentido. Es un todo”.

Carmen Jordà, miembro del registro ibérico del Docomomo y catedrática de Composición Arquitectónica, se siente “triste e indignada” ante la intervención en el Cabanyal. “Esta ciudad, su visión urbanística, es autodestructiva”, afirma. Le cuesta entender que se puedan ignorar, derribar o esconder las decenas de muestras del modernismo popular o industrial que definen El Cabanyal, así como su propia trama urbana en forma de retícula. “Es un modernismo autóctono, singular, digno de ser conservado, protegido, valorado, mostrado, defendido.”

Libro recomenadado: Las Casas del Cabanyal

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