Arquitectura moderna en Cascos Históricos
por Francisco Javier Lorente Páramo. Crítico de arte.
El Grupo de Ciudades Patrimonio de la Humanidad ha encargado un estudio para la integración de la arquitectura moderna en sus cascos históricos.
La idea parece lógica sin discusión pues estas ciudades, y todas, así lo han hecho a lo largo de la historia pero la modernidad, en creciente conciencia histórica, se ha dado leyes conservacionistas del pasado que incluyen no solo lo material, inmueble y mueble, sino lo inmaterial, esto es, el carácter, el sabor o el encanto de pueblos y ciudades históricas, máxime en las Ciudades Patrimonio de la Humanidad. Paradojas de la modernidad que se da leyes inmovilistas antinatura, conscientemente antinatura, del imparable ciclo arquitectónico no artificial sino vital, no buscado, como en este caso, sino devenido como el hercúleo desarrollismo de las ciudades del este estadounidense americano, caótica y casualmente contrastados con los edificios modernos de acero y cristal, y la feliz amalgama de estilos, materiales y enclavamiento en el interior de nuestras catedrales españolas, son ejemplo de ello.
La artificialidad diseñada de la integración de la arquitectura moderna en los cascos históricos puede dañar, el valor histórico artístico de estos cascos que agrada a sus habitantes y anhelan los visitantes, pues la arquitectura moderna es hija del Movimiento Moderno que “no quiso ser estilo sino funcional”, según el manifiesto de Walter Gropius, que no ha abjurado de ”el adorno es un delito”, traducción libre del título del libro “Ornamento y delito” de Adolf Loos y no olvida el “menos es más”, proclamado por Mies van der Rohe. ¡Elitistas manifiestos abstractos de difícil convivencia con los grandes estilos europeos en ascenso y retroceso en su complejidad, pero siempre adornados! ¿Elucubraciones estéticas? Sí, y de importancia para la fecunda andadura de la arquitectura moderna, pero las Ciudades Patrimonio de la Humanidad necesitan para su desarrollo emocionar a los entendidos y a los profanos con su historia y arte, carácter y sabor, esto es, lo que no tienen las mayoría de las ciudades con sus barrios nuevos o los pueblos dormitorio.
Las ciudades Patrimonio de la Humanidad tienen un reconocido patrimonio cultural con carácter y sabor pero lo están perdiendo o diluyendo a zancadas en sus propios cascos, en sus entornos, en sus panoramas, en los interiores de sus iglesias, etc. ¿No se agrava esto con la inserción forzada del arte moderno en los cascos de las ciudades Patrimonio de la Humanidad?
Modernidad, sí, al máximo en los servicios y en la técnica que facilita la vida actual.